| Dije al almendro: háblame de Dios y el almendro floreció, Dije al pobre: háblame de Dios, y el pobre me ofreció su capa. Dije al sueño: háblame de Dios y el sueño me dió descanso.
Dije a un campesino: háblame de Dios y el campesino me enseñó a labrar. Dije a la naturaleza: háblame de Dios y la naturaleza se cubrió de hermosura Dije a un amigo: háblame de Dios y el amigo me enseñó a amar. Dije a un pequeño: háblame de Dios y el pequeño sonrió. Dije a un ruiseñor: háblame de Dios y el ruiseñor se puso a cantar. |
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